Autor: Iván Fernández, Barcelona
SKATE BUSINESS: LA SITUACIÓN POST COVID
El mercado del skateboarding o Skate Business ha pasado a lo largo de sus aproximadamente 50 años de vida por numerosos altibajos. Épocas de expansión inusitada, mayormente provocadas por el marketing, y por lo tanto seguidas por momentos de recesión igualmente virulentos. Lo cierto en todo esto es que hay que distinguir entre skate business y skaters, o aficionados a esta actividad. Pero aún así cabe decir que la evolución del material técnico y su disponibilidad en el mercado depende directamente de la existencia de empresas, compañías que inviertan en investigación, desarrollo y producción. Así como de una buena cadena de distribución y venta que nos posibilite el acceso a dicho material. Por lo que sin mercado, probablemente sería muy difícil que existiese una escena skater, a no ser que comenzásemos a producir nuestras propias tablas, ejes y ruedas. En este artículo vamos a analizar el estado actual de las cosas en el skate business.
LA ENTRADA EN EL SIGLO XXI: NUEVO BOOM DEL SKATEBOARDING
En otro artículo os contaba como el siglo XXI nos trajo un nuevo periodo de expansión del skateboarding, basado fundamentalmente en la recaptación de “jóvenes” treintañeros que ya habían probado el skate durante su infancia y adolescencia a finales de los años 80 y primeros 90. El skate business utilizó el “principio de los quince años” (no busquéis este término porque me lo acabo de inventar), es decir tratar de volver a generar interés de compra entre aquellos niños y adolescentes que en los 80 y primeros 90 patinaban o demostraron interés por el skateboarding. El uso de la “añoranza” en el marketing se ha utilizado mucho en las últimas décadas, fundamentalmente desde que la generación del Baby Boom comenzó a entrar en la treintena. Una edad en la que se supone que el consumidor alcanza no sólo su madurez física sino también económica. Una etapa de tránsito en la que muchos buscan apoyo en su pasado juvenil para afrontar su nueva vida de adulto.
En lo relativo al skateboarding todo comenzó con la publicación de dos productos culturales como el documental Dogtown & Z Boys y la película Lords of Dogtown. El apoyo de la multinacional del textil VF es explícita en el documental, firmado por Stacy Peralta, y no tan explícita –aunque muy presenta- en la película de Catherine Hardwicke. No hay más que ver que los productos Vans –propiedad de VF- se encuentran por todas partes.
A raíz del éxito de los mismos fueron apareciendo nuevos reportajes, películas, libros y demás. Algunos independientes y otros –la mayoría- patrocinados o directamente producidos por alguna compañía de skateboarding deseosa de captar a un público que creía haber perdido a lo largo de las dos últimas décadas. Comenzaron a aparecer en el mercado reediciones de tablas, ropa, calzado y otros productos basados en los utilizados por los skaters en los años 80 y 90.
Durante esa primera década del siglo XXI todo parecía correr sobre railes perfectamente encerados. Con ciertos momentos de crisis económica transitorial, pero con un mercado del skate en boga que dio pie a la potenciación de las escenas ya existentes y al nacimiento de nuevas, así como a la creación de nuevos skateparks y al retorno del skatepark de transición. Rampas y sobretodo bowls.
CRISIS ECONÓMICA DEL 2008
Llegó el 2008 y con él una profunda crisis financiera que dañó terriblemente las bases de sustentamiento de muchas empresas de todo tipo a nivel global. Y por supuesto el mercado del skateboarding no se quedó fuera de esta y muchas de las grandes y pequeñas compañías sostenían este mercado resultaron gravemente heridas.
La década del 2010-2020 resultó dura y larga, y se llevó por delante a quien no tuvo la capacidad de adaptarse y a quien, por diferentes motivos, no pudo superar los problemas financieros declarando la bancarrota. Hubo que aplicar creatividad y mucho esfuerzo, además de flexibilidad y una buena capacidad de adaptación a las nuevas tendencias de la economía global. De hecho la corriente DIY (Do It Yourself) aplicada al skateboarding –y a muchas otras cosas- se vuelve a popularizar en este periodo. ¿Recordáis la economía “hipster” de aquellos años?
COVID 19
2019 –diez años después de la crisis financiera más grande que haya visto el capitalismo- inicia la pandemia del COVID. Cuando los mercados aún no se habían recuperado de la crisis financiera, aunque se hablaba de “brotes verdes” en la economía global, una “pandemia” golpea el Globo y los fundamentos económicos de occidente. No nos vamos a detener demasiado en analizar el momento en si pero sí vamos a hablar de los problemas derivados de dicha pandemia. China declara el confinamiento y ralentiza la producción; después lo van a hacer Estados Unidos y Europa; se producen problemas de logística derivados de las restricciones decretadas para contener el COVID y del accidente de un barco en el Canal de Suez. Y por si esto no fuera suficiente después se produjo la Guerra de Ucrania. En fin, numerosos problemas que afligen al Mundo y por consiguiente también a la sangre –perdón por la metáfora, por si quedan dudas refiero al dinero- que lo mueve.
La situación no es simple, pero probablemente aún sin todos estos problemas que hemos enumerado el skateboarding business hubiese tenido problemas derivados de su carácter cíclico y de la falta de cultura financiera entre muchos emprendedores. Y es que la situación es aún más compleja de lo que ya aparenta.
EFECTO REBOUND
Las restricciones provocadas por las políticas anticovid provocaron un efecto “presa”. Después de unos 90 días encerradas en casa las personas comenzaron a salir y a necesitar de actividades de ocio al aire libre, siendo el deporte una de las pocas actividades que se podían realizar entre tantas prohiciones. La demanda de material para diferentes deportes, entre ellos el skateboarding, creció tan desmesuradamente rápido que superó con creces la oferta, lo que unido a los problemas de abastecimiento generados por el bloqueo del Canal de Suez, a la falta de contenedores marítimos y a los efectos de la parada del sistema de producción en China, en Europa y en Estados Unidos provocó ciertos problemas de abastecimiento que se tradujeron en incertidumbre y miedo, además de en un fuerte incremento de los precios.
El periodo de falta de abastecimiento duró relativamente poco y pronto el flujo de material comenzó a volver a llenar las estanterías y fondos de almacén de distribuidores y tiendas. La demanda del consumidor final era muy fuerte en ese momento y nadie quería perder la ocasión, cuanto menos para poder compensar el balance negativo de esos meses de parón obligatorio que sumieron a los pequeños comerciantes en una brutal sensación de inestabilidad e incertidumbre.