SKATEBOARDING CULTURAL CONSULTANCY & CONCEPTUAL SKATEPARK DESIGN

INVERSIÓN PÚBLICA EN INSTALACIONES PARA SKATEBOARDING

Lissone Skatepark, proyectado por SBG Architetti en colaboración con Iván Fernández González (Lissone, Italia)

Autor: Iván Fernández, Barcelona

Existen estudios fiables dedicados a la cuantificación en términos económicos de los ingresos –directos e indirectos- que la construcción de equipamientos deportivos –en este caso skateparks- puede generar a un determinado agente inversor, sea este público o privado. No es la intención de este artículo detenerse a analizar los datos sobre dichos beneficios porque de otra manera acabaríamos teniendo que escribir un largo tratado. Lo que sí vamos a resaltar es que entre los muchos aspectos positivos de la práctica deportiva se encuentran la mejora de la salud física y psicológica de la ciudadanía en general y por ende un estado cada vez más cercano a la felicidad.

Si hablamos de skateparks podemos extrapolar estos datos a la franja media de edad de los practicantes de skateboarding, que actualmente se encuentra entre los 10 y los 40 años. Aunque hemos de señalar que hay numerosos skaters menores de 10 años y otros tantos que, encontrándose en el rango de edad entre los 40 y los 55 años, aún no presentan intención alguna de “colgar” el skateboard para dedicarse a jugar al mus. Es muy previsible además que la vida deportiva del skater medio siga alargándose a medida que van apareciendo nuevos practicantes, nuevos materiales y se incrementan los conocimientos científicos sobre el skateboarding y su práctica. Pues, contrariamente a lo que se pueda pensar, el skate no es un deporte más peligroso que cualquiera de los deportes de deslizamiento clásicos como el esquí o el inline skating. La peligrosidad de esta práctica deportiva depende directamente del riesgo que el propio individuo quiera asumir, pudiéndose practicar especialidades “dulces” y absolutamente respetuosas con la propia integridad física, incluso a edades avanzadas.

Las construcción de equipamientos públicos destinados al ocio y a la práctica deportiva está en auge debido a los beneficios demostrables que estos tienen en el estado físico y mental de las personas, algo que se traduce en un ahorro de las arcas del Estado en mantenimiento y cura de la salud pública. Y por supuesto también se traduce en mayores índices de felicidad y en un incremento de la productividad de la población en general.

Establecer comparaciones para determinar qué deporte aprovecha mejor la utilización del espacio público podría ser útil para optimizar las inversiones pero el hecho de que cada uno de ello ofrezca valores y beneficios distintos para la persona y la comunidad en general desvirtuaría cualquier tipo de comparación. Por lo que me limitaré a ofrecer una idea de los beneficios que el uso del espacio público para la construcción de instalaciones para la práctica del skateboarding puede generar en la sociedad. Para ello sí voy a hacer una comparativa con los tipos de instalaciones deportivas más comunes en nuestras ciudades y pueblos.

Si analizamos el tipo y frecuencia de uso de cada tipo de instalación deportiva podríamos darnos con datos realmente interesantes. Una cancha de tenis reglamentaria para un juego de individuales ocupa una extensión 23,77 m x 8,23, es decir unos 195 metros cuadrados; una cancha de baloncesto ocupa una extensión de 28 x 15 m, unos 420 metros cuadrados; una cancha de futbol 6 ocupa una extensión de unos 20×40 metros, unos 800 metros cuadrados. Teniendo en cuenta que la ocupación máxima/hora de dichos espacios podría ser de 2 personas en el primer caso; 10 en el segundo y 12 en el tercero.  Tendríamos una relación de ocupación de espacio de 1 persona por cada 97.5 metros cuadrados en el tenis;  1 persona por cada 42 metros cuadrados en el baloncesto; 1 persona por cada 66 metros cuadrados en el futbol 6.

Por otra parte el tipo de población que utilizaría el espacio deportivo en cada momento se suele limitar a la misma franja de edad, y en numerosas ocasiones de género, ya que se trata de deportes competitivos en los que el desarrollo psicofísico y la división por género suelen estar siempre presentes a la hora de organizar los partidos, aunque estos sean de aficionados.

OPTIMIZACIÓN DE LA INVERSIÓN PÚBLICA

Una instalación de skateboarding pequeña, lo que llamamos “mini rampa o mini halfpipe” puede ser ubicada en un espacio de unos 10×5 metros, es decir 50 metros cuadrados y podría albergar hasta 10 personas de diferentes sexos y edades compartiendo el espacio contemporáneamente. Obviamente respetando un orden de turnos, que se impone de forma natural en cada espacio utilizado por skateboarders. Lo que nos muestra una ocupación del espacio de 5 metros cuadrados por persona y hora. Un skatepark completo de pequeñas dimensiones puede ocupar un espacio de 30×10 metros (300 metros cuadrados) y puede albergar en su seno a unas 20-25 personas patinando.

Por otra parte hemos de resaltar que en líneas generales las instalaciones dedicadas al skateboarding no requieren de recursos humanos para su gestión, es decir son instalaciones que por su propia morfología y por la naturaleza de la práctica deportiva para la que están diseñadas se autogestionan y sólo requieren de limpieza, como cualquier otro espacio público, y en ocasiones -dependiendo del tipo de construcción- de un mantenimiento mínimo que puede ser asumido incluso por entidades asociativas locales.

BENEFICIOS SOCIALES DEL SKATEBOARDING

Los beneficios del skateboarding alcanzan diferentes parámetros. Por un lado ofrece beneficios  de índole comunitario como el fomento de la cohesión social y la integración, incentiva la comunicación interpersonal y el respeto por las diferencias además de incrementar la adopción de los valores de solidaridad y cuidado por los demás. Promueve también beneficios psicofísicos que se traducen en una salud más sólida y un mayor bienestar mental, con el consiguiente aumento de la felicidad del individuo y la reducción de problemáticas sociales. Además el skateboarding fomenta la creatividad y la formación de vínculos intrapersonales entre personas de diferentes edades, procedencias y extracciones sociales y culturales.

En términos económicos, aún teniendo en cuenta la gratuidad del uso de las instalaciones públicas, podríamos resaltar el turismo ligado al skateboarding y la movilidad de l@s skaters para patinar en diferentes lugares, lo que se traduce un diferentes tipos de consumo “in situ” (ciudad, pueblo, barrio, polideportivo) donde se ubican las instalaciones. Escribo esto aún considerando que este elemento no es lo más importante a la hora de planificar la construcción de instalaciones para el skateboarding en un determinado lugar por parte de la Administración Pública.

COSTOS E INVERSIÓN INICIAL

Vamos ahora a analizar la inversión inicial. El coste del terreno donde se ubique una determinada instalación deportiva va a depender del precio medio de la tierra pero esto va a afectar a cualquier tipo de instalación pública en dicho territorio. Por su parte el coste de ejecución del metro cuadrado de una instalación para la práctica del skatepark va a depender del tipo de construcción que se desee realizar, de los materiales utilizados y de la disponibilidad de mano de obra especializada.

La tendencia actual es la construcción de instalaciones “sitio-específicas” realizadas en cemento ya que este material ofrece mayores posibilidades de modelaje y sobretodo una mayor durabilidad que otros materiales como la madera o el metal, utilizados durante muchísimos años para la construcción de skateparks públicos.

Si bien el cemento es sin duda alguna la mejor opción para la construcción, se puede valorar la ejecución en metal; en madera resistente a la intemperie o en un mixto de metal y madera (metal para el chasis de la instalación y madera para la superficie patinable) aunque siempre teniendo en cuenta que dichos materiales van a requerir un mantenimiento mayor y van a contar con menor duración que la ofrecida por el cemento. La duración media de un skatepark de cemento es de unos 20 años, a partir de los cuales será probablemente necesario ejecutar labores de mantenimiento y reparación, que van a ser más o menos profundos en función de la calidad constructiva inicial.

Por su parte la duración media de una instalación realizada en metal suele ser de unos 7 años y la de la madera unos 5 años, obviamente teniendo en cuenta que estas estén construidas con buenos materiales y siguiendo parámetros de calidad óptimos. La madera va a necesitar de un mantenimiento continuo para tener la estructura en buenas condiciones (es recomendable sólo si la gestión es privada o por parte de entidades asociativas como clubes deportivos). Pero por otra parte la construcción en madera y metal ofrecen un buen rendimiento y el coste de  construcción inicial suele ser bastante inferior a la construcción en cemento , además de presentar un menor impacto sobre el terreno, tratándose de instalaciones que pueden ser desmontadas y cambiadas de lugar.

La solución a priori más económica podría ser la construcción de una mini-rampa de madera de 10×5 metros, que podría suponer un desembolso de unos 3000 euros y que podría incrementarse en función del aumento de las dimensiones de la instalación o del tipo de materiales utilizados. Desde estos 3000 euros para la construcción de una mini rampa se podría llegar hasta los 30.000-50.000 euros que podría costar un skatepark de cemento de dimensiones pequeñas, hasta 500 metros cuadrados. Y pasar hasta los 100.000-150.000 euros de un skatepark en cemento de grandes dimensiones, es decir de más de 600 metros cuadrados.

Dicho esto podemos concluir que cualquier municipio, barrio o pequeña comunidad de vecinos podría contar con una instalación para el skateboarding construida según sus necesidades y en función de su disponibilidad económica y de espacio.

Leave a comment